jueves, 6 de diciembre de 2012


                       Una gota de tinta para estas fiestas.
 Estaba concluyendo el año, sólo faltaban algunas horas para que cambiara el dígito en el calendario. Entró en su cubículo, se sentó sobre aquella silla desgastada y con sigilo recorrió algunos libros y papeles que estorbaban el centro de su escritorio para poder colocar ahí su carpeta color café.

Sacó de su abrigo un pedazo de papel y tomándolo entre sus manos lo descansó en el vidrio opaco y rayado del escritorio. Lo extendió tratando de rescatar con cuidado la esquina levemente doblada del lado derecho. Una vez que lo tuvo al fin listo, comenzó una ronda de caricias, que al trazar nuevamente con las yemas de sus dedos esas letras escritas, corrió en sus ojos un velo líquido al tiempo en que su corazón daba un salto acelerado y a destiempo.

Luego con un suspiro, recuperó el recuerdo. Volvió a caminar sus pasos por el pasillo de la escuela en donde aquel adolescente lo alcanzó antes de la salida para entregarle entre sus manos rojizas un pedazo de papel doblado, acompañándolo con las palabras: “Que tenga felices fiestas maestro”.  En aquel momento el profesor sólo tomó el papel y agradeciéndole a su joven alumno lo introdujo en su abrigo ya que la prisa de ir a la otra escuela a iniciar su turno vespertino le apremiaba.

Los días pasaron y en la barahúnda del término del curso y de las fiestas navideñas el profesor olvidó aquella nota. Fue hasta ese día en que nuevamente usó el mismo abrigo, que sentado en la alameda central reflexionando sobre los detalles del año vivido y descansando sus manos en el bolsillo lo encontró, justo ahí, en donde había estado esperando por tantos días…

Lo leyó por primera vez  or primera vez y sintió que la banca en la que estaba sentado se elevaba, él se estremecía, su consciencia se inquietaba y era como si de pronto no supiera leer, las letras distorsionaban su forma, las palabras cambiaban su significado, su sentido…

Cómo quisiera poder regresar el tiempo, cómo sería posible retomar ese momento, cómo quisiera convertirse en la tinta que vertida en ese papel quedaba impresa, transcendiendo, agitándolo de tal manera en ese instante…

Estos cuestionamientos y muchos más rebotaban en la alameda central, entrando y saliendo del corazón de aquél profesor, que no supo dar un minuto a su joven estudiante, que no pudo darse valor y detenerse tan sólo por un minuto, por un valioso minuto…


De pronto, la ronda de caricias sobre aquel pedazo de papel extendido en el vidrio gastado y viejo del escritorio, testigo de tantos escritos de jóvenes estudiantes que habían pasado por ahí para ser evaluados, y ahora testigo y cómplice de uno más que sería el detonador del cambio de aquel profesor, quien ahora con un corazón más en calma, más receptivo y más sensible, atendió con prontitud al llamado de su pequeño hijo para ir a compartir la cena en víspera del año nuevo.

Tomó el pedazo de papel y en el respaldo del mismo, dibujó con un lápiz de color azul un reloj sin manecillas y lo colocó bajo el cristal de cara al escritorio, para al ver su dibujo, poder así conectar con el escrito de ese joven alumno y retomar la vida con un tinte diferente, quizás uno más abrillantado, tal vez uno matizado en mate, no lo sé…


En estas fechas que estamos viviendo: momentos de dicha, de convivencia, de reflexión, te invito a que seas tinta que impregne el pedazo de papel y a que muestres en esa cara opuesta al reloj, aquello que debemos observar y mejorar en nuestra labor docente, no sólo pensando en el año nuevo que se aproxima, sino en cada momento, en cada día, en nuestro presente, aquí justo ahora mismo, en este instante deseo que derrames la primera gota.


 

¡Festeja como pez! 

¡Felices fiestas!

Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín.

martes, 9 de octubre de 2012

No hay mejor opción que tú.

“Aquello que soy,  lo soy por mí y también por mis ancestros”.
Un campo listo, una semilla.
            Imagina que estás en ese tiempo en el cual aún no eras el que ahora eres, mira como eres solamente un soplo de lo que llegarás a ser… y te mueves y te trasladas, vas de un lugar a otro, suavemente, con la facilidad que te da el no cargar con el peso de un cuerpo físico. Eres solamente un soplo de aquello que llegarás a ser y puedes ir de la luz hacia las sombras, de lo alto hacia lo bajo, de lo distante a lo cercano…
Y puedes también ir mirando y miras los hermosos campos verdes… y miras también las flores… y la enormidad de los mares, en los cuales te sumerges y nadas entre peces multicolores.
Eres solo el soplo de lo que puedes llegar a ser.
            De repente miras y eliges tomar y experimentas una hermosa sintonía, una sincronicidad absoluta. Tú has elegido y ahora te esperan de alguna manera, no importa mucho el como, lo verdaderamente importante ha ocurrido ya…
Y ahora has dejado de ser ese soplo y has iniciado un nuevo proceso, un nuevo momento en el continuo devenir de la existencia, un nuevo momento que indiscutiblemente te llevará por toda una aventura…
            Ahora puedes sentir y es cálido, ahora puedes escuchar y es tranquilizador, nada más importa, no hay un mejor lugar para ti, no hay un lugar más seguro que éste…
            Ahora algo ha ocurrido y puedes mirar… es la luz, ahora estás aquí y no hay mejores circunstancias para ti que éstas, no hay mejor lugar que este, no hay mejores personas que ellos, no hay mejor opción que tú.

jueves, 27 de septiembre de 2012

 
¡Que levante la mano quien lea!
                 Cruzando fronteras…
 Cuando escuchamos o hablamos sobre fronteras, lo primero que quizás llegue a nuestra mente es la imagen de una franja de territorio situada en torno a ciertos límites; es curioso pero leí que a su vez, en definición, el término límite está muy ligado a una concepción imaginaria. Entonces ¿será que las fronteras trascienden el aspecto territorial, el concepto concreto con el que son nombradas o determinadas?
un poco sobre mi labor docente, puedo identificar varias fronteras que están presentes en todo momento, algunas marcan sus límites por las instituciones, otras marcan sus límites por nuestras percepciones, y pienso en muchas otras que aparecen justo al momento de empezar nuestra clase cada día, ciertas fronteras las edificamos nosotros, en cambio otras llegan delimitadas por nuestros alumnos, por nuestros compañeros de trabajo, incluso por nuestro entorno.  Es una gran ventaja para nuestros ojos que no todas estas fronteras sean “visibles” de primera instancia, ¿te imaginas cómo sería verlas en todo momento? Sin embargo, aún cuando no las “veamos” efectivamente están ahí, y pueden ser motor o estorbo para nuestro desarrollo profesional. Entre más resilientes seamos como maestros, en la medida en que poseamos mayor cantidad de recursos para poder “cruzar” esas fronteras, más fluido será nuestro transito por la escuela, por la vida…
En esta ocasión les comparto con alegría que estaremos exhibiendo el Performance de la presentación de la novela “Yo también crucé la frontera”, el día jueves 25 de Octubre a las 20 horas, a partir de ese día en mi correo de contacto pueden solicitar impresiones de la misma. Les doy a leer el prólogo, no sin antes invitarles, maestros (as) a que “crucen fronteras”, tanto las del día a día, como aquellas más escabrosas que nos hacen fortalecernos como maestros facilitadores con una auténtica actitud sensible y sutil para enseñar significativamente.
 ¡Que levante la mano quien lea!
Al igual que otros pequeños placeres de la vida, leer guarda entre sus cuatro sonidos beneficios propios de considerarse parte de nuestra herencia. A diferencia de otros placeres de la vida, leer tiene el poder de silenciar el tiempo, además de agilizar y estructurar el pensamiento gratuito.
El hecho de leer, de manera individual o colectiva, activa un espacio íntimo que genera nuevos diálogos de saberes en dos direcciones: una, de prospección interna, la cual contribuye a la construcción de la identidad; y otra, de prospección externa, que contribuye a la identidad más inteligente de un pueblo, un país, un mundo comprometido con su futuro. Ambas líneas, como si de dos estrellas fugaces se tratara, se cruzan creando una historia mínima que debe ser considerada un bien social y por consiguiente, un marco de abstracción, interpretación y reflexión. Estas tres habilidades deben orientarse y desarrollarse en beneficio de la reconstrucción de lo común mediante el hábito lector y, aquello que lo antecede, el saber por qué hacerlo.
La lectura de Yo también crucé la frontera de la cual hablo pero no cuento camina por los senderos de una realidad social mexicana diversa y arriesgada que forma parte de la historia: la que hace de su escenario malabares, personas que anhelan viajar a otras latitudes buscando el sentido de sus vidas. La novela dirigida a adolescentes, jóvenes y adultos por su diversidad temática actual y adecuación literaria ofrece soluciones alternativas a situaciones difíciles cotidianas, por lo que muestra su compromiso social. Con estilo literario ágil, sencillo y humilde, no por ello menos valiente ni falto de confianza, el fluir de la novela invita, en primer lugar, a compartir empatía y ternura por el alter ego, y en segundo lugar, a soñar aquí en este país descubriendo el fantástico viaje del ser creativo y a la vez, resiliente, capaz no sólo de superar situaciones, sino también de construir sueños y la escuela del aprendizaje que posibilitan el disfrute de la vida. La novela, capaz de hilvanar un yo interior a través de sus once capítulos secuenciados con títulos breves, ofrece la esencia y las claves del ser creativo capaz de plantear propuestas bajo diferentes puntos de vista. Esta esencia constituye una necesidad expresada de abordaje prioritario por diferentes ámbitos profesionales, entre ellos el educativo y el empresarial, y de cada uno de los lectores que los integran.
La protagonista pinta con sus cinco y un sentidos la solidaridad y la cooperación que lleva adentro, orígenes para emprender nuevos proyectos personales y profesionales, no sin antes analizar con cautela pasos al frente acompañados de estados de conciencia que lepermiten tomar sus únicas decisiones.
La autora María Natividad Fernández Morfín, soñadora de nuevas realidades en este país lanza a través de esta novela diversas piedras a la fuente de la esperanza, unas llevan el nombre de cada uno de los personajes; otras, de los lugares donde transcurre la acción; otras, del tiempo en que habita cada capítulo; otras, de la acción y las diferentes relaciones que se tejen, no todas necesariamente humanas, también con el entorno y con uno mismo. La novela de encaje humanista construye optimismo social capaz de acercarse, tocar el agua y ver en el fondo una ciudad habitada por pensamientos,  emociones y actitudes, sin olvidar que de noche la luna será testigo de las dimensiones de las olas que trae la marea, el inconsciente. Las olas grandes empujan la conciencia; las pequeñas, el corazón.
La obra de carácter pedagógico regenera en el lector la curiosidad y la motivación capaces de producir cambios, y por qué no el mundo; además contagia  el entusiasmo del que beben cada una de sus palabras por reconstruir el tejido social del sueño mexicano, aquí, más que nunca en este nuestro país. No hay viaje más largo que quedarse en el mismo lugar. Y no olvides bajar tu mano ni pidas que te cuenten. Si ella supo cruzar la frontera, tú también puedes cruzar la novela. Sigue leyendo...
Héctor Tronchoni Albert
Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín
01-800-830-41-14
452 52 8 65 49

viernes, 14 de septiembre de 2012

Del Espacio de papá y mamá


Del espacio de papá y mamá…

Las maneras en como un hombre y una mujer deciden establecer y vivir una relación de pareja son tan diversas, como incontables los granos de arena de una playa y todas ellas tan válidas, como sostenidas por sus propias historias y biografías. Puede ser que si las veo desde fuera pudiera cuestionar muchas cosas, pudiera ser incluso que decidiera calificarlas como funcionales o patológicas, quizás incluso con muchos otros calificativos más o menos llenos de apreciaciones solo mías y por tanto completamente fuera del contexto de lo que ahí REALMENTE ocurre, sin embargo, la realidad INVARIABLEMENTE grita muy por encima de todo aquello que yo o tú pudiéramos decir.

Mientras se trata de una opción elegida por dos personas adultas, habríamos de entender que es SU RELACIÓN y quizás incluso podríamos, siendo verdaderamente concientes elegir no calificarla más allá, existe un proverbio de algún grupo indígena de la América precolombina que dice poco más o menos así “Si quieres juzgar a una persona has de calzar sus mocasines por siete lunas”… seguramente si hiciéramos eso antes de emitir un juicio, habríamos de ser mucho más benévolos que si lo hacemos solamente desde nuestros propios zapatos.

Sin embargo, aún cuando concientemente quizás podemos ver esto, en el trajín del día a día, es mucho más fácil elegir olvidarnos de mocasín alguno y emitir juicios o apreciaciones a diestra y siniestra, esto se vuelve particularmente peligroso cuando la relación que estoy calificando es la de aquellos gracias a los cuales estoy en este mundo: la relación de MI papá y MI mamá y so pretexto de que “Tengo el derecho que me da el ser parte de esa historia y el haberlo padecido” y bueno, de que puedo hacerlo ¡Claro que puedo hacerlo! De que eso deje algún beneficio, yo no estoy tan seguro…

Cuando elijo una postura calificadora con respecto a los dos que abrieron la puerta de la vida para mí o con respecto a alguno de ellos, invariablemente yo seré el perdedor independientemente de a quien decida otorgarle el veredicto favorable o la absolución, pues cuando elijo optar por alguno de los dos, me pierdo invariablemente del otro y por tanto, de lo mucho que ese otro puede darme, esto vale desde luego en el plano conciente como también en un plano más fino y sutil. Invariablemente, el camino para que yo pueda ser quien puedo ser es el que tiene dos orillas que enmarcan mi caminar, a la derecha mi padre y a la izquierda mi madre, no existe un camino cuando solo hay una de las márgenes ¿Cómo caminar entonces? Tampoco puedo hacer venir una margen para mi camino que venga de otro camino distinto a mío, dado que “Ese camino si lo conozco” aunque no es mío o bien, dado que ese camino “Si lo he caminado por que ese sí estuvo”.

El espacio de papá y mamá es un espacio SAGRADO en donde los hijos no tenemos derecho de inmiscuirnos, es un espacio que se construyó mucho tiempo antes de que yo siquiera estuviera en calidad de proyecto y por tanto invariablemente me resultará inalcanzable por su enormidad y complejidad, es curioso, es un mundo que probablemente me resulta tan difícil de entender también precisamente por la excesiva cercanía con la que lo intento y puedo ver, pienso que es como si quisiera describir una moneda cuando la tengo a tres milímetros de mis ojos, seguramente podría hablar de la moneda, sin embargo, seguramente también, sería muy poco probable que pudiera verdaderamente hablar de la moneda como tal en su totalidad.

Quizás, hablando de este espacio, lo más y lo mejor que podría hacer es mirar con los ojos límpidos, inclinar suavemente mi cabeza, poner mi mano derecha en mi corazón, inclinar mi cabeza casi al punto de tocar con mi barbilla mi pecho y emitir desde lo más profundo de mi corazón un claro SÍ, quizás después podría girar un poco e iniciar a caminar este, mi camino, con sus dos márgenes que seguro me llevará a buen destino.

miércoles, 22 de agosto de 2012


Corre, corre, que no hay prisa- La sabiduría de los procesos naturales de aprendizaje.
 En más de alguna ocasión hemos escuchado la frase: “todo salió como en un cuento de hadas”, o quizás hayamos compartido este comentario: “la fiesta estuvo de sueño”, y así, si nos detenemos a reflexionar un momento, encontraremos diversas expresiones que nos permiten relacionar la realidad con la fantasía. ¿Te ha tocado en alguna ocasión observar personas adultas que después de golpearse con algún mueble u objeto, vuelven hacia él y con coraje lo golpean nuevamente, como regresando la agresión física o verbalmente…? Esto lo hacemos de manera inconsciente, y ¿sabes por qué? Es una manera de expresar que dentro de nosotros, en algún lugar, habita la creencia de que las cosas o los objetos tienen vida. Esta actitud en un niño (a) pequeño es muy simple de observar, con frecuencia encontramos a nuestros alumnos (as), a nuestros hijos (as) platicando con las plantas, con algún juguete o con algún amigo imaginario. Es un proceso natural y hermoso de nuestra infancia, una etapa en la que todos, de formas diversas, disfrutamos de la convivencia con estos dos mundos. Lo que pretendo rescatar ahora mismo contigo es ¿Qué tanto aún habita en ti esa percepción? ¿Por cuánto tiempo permitimos que siga viva o la avivamos en nuestros alumnos (as)?
Los cuentos como recurso literario han demostrado ser a lo largo de la historia, efectivamente trascendentales. Me atrevería a decir que en nuestro código genético, existen algunas células que han venido con nosotros de muchas generaciones atrás y que traen consigo información de cuentos, cuentos que fueron “contados” a nuestros antepasados. Visualicemos un salón de clases, el maestro (a) dice: “vamos a contar un cuento”, de manera automática los niños (as) se predisponen a escuchar. Si el maestro (a) los invita a tomar otra posición mientras escuchan, la conducta que se repite con más frecuencia es que los niños (as) se sienten formando un círculo, ¿cierto? Hace muchos años, y en la actualidad también pero quizás ya con menos frecuencia, las familias se reunían para platicar historias, cuentos que venían de mucho tiempo atrás y eran “contados” alrededor de la mesa, o de una fogata.  Lo que se escucha en un cuento trasciende la parte cognoscitiva, abraza la parte emocional e involucra al alma haciéndola volar a lugares y vivencias inexploradas.
¿Cuánto utilizamos este recurso en nuestras aulas y en nuestras casas?
Dice Steiner que, “con el rápido desarrollo moderno de las ciencias técnicas y la fascinación especial que tienen sobre los niños, se adelanta más y más el momento de ser “demasiado grande” y “demasiado inteligente” para aceptar los cuentos de hadas” (Steiner R. 2003:38)
Pensemos un poco sobre quiénes somos los aceleradores del proceso, ¿Qué nos provoca esta aceleración? ¿Qué nos mueve a querer terminar antes? ¿Qué podemos ver con anticipación como para movernos tan de prisa? ¿Cómo será que nuestros alumnos (as) o hijos (as) están viviendo en este “estresado” y agitado proceso? ¿Será que la vida es tan sólo correr? ¿Sólo se presenta en las escuelas esta prisa, o también se experimenta en los hogares? ¿Cada cuánto tiempo me detengo a observar algo que no tenga que ver con mi trabajo?
Desde mi perspectiva, las explicaciones toman un lugar secundario, pienso que quizás la lectura de este breve cuento que he escrito pensando en nuestro regreso a clases, puede darnos una idea más exacta de lo que sucede con este fenómeno. ¡Espero que lo disfrutes!

“Corre corre que no hay prisa”
Era una mañana como todas las del verano: fresca, soleada y húmeda por los rastros de lluvia nocturna que bañó al bosque mientras la mayoría de sus habitantes dormían. Ernesto la pequeña tortuga de Roctalá paseaba lentamente cerca del río; cuando al levantar su cabeza hacia el cielo miró como una ardilla voladora bajaba y se posaba en la copa de un árbol.
-¡Ojalá yo pudiera ir tan rápido como tú!-, dijo la tortuga dirigiéndose a la ardilla. Después de escuchar a la pequeña tortuga la ardilla bajó del árbol y en un instante ya estaba sobre el caparazón de Ernesto. –Si así lo deseas tengo algo que te puede ayudar, un secreto que he compartido con muy pocos-. Ernesto insistió: -¡Claro que lo deseo, quiero ir rápido, ser muy veloz, ir de prisa!-  La ardilla rasco con sus uñas la caparazón de Ernesto y el polvo que de frotar sus uñas salió, le hizo sentir a la tortuguita un hormigueo, algo que le picaba desde la espalda hasta los pies, algo corría sobre él y al momento, tras sólo dar unos pasitos para sacudirse, se dio cuenta que lo hacía a gran velocidad: El polvo de uña de ardilla voladora era el secreto para ir más rápido, ese día Ernesto corrió y corrió.
Los demás animalitos del bosque extrañados de ver a la tortuga haciendo tan veloces movimientos le preguntaban cómo es que lo hacía, pero él andando tan rápido, no alcanzaba a contestarles sólo sonreía. Al día siguiente Ernesto volvió al río para encontrar a la ardilla y pedirle  nuevamente de sus uñas, la ardilla accedió pero le advirtió diciendo: -Entre más usas los polvos para ser veloz, más veloz te harás, y más difícil será volver a tomar tu ritmo habitual nuevamente-. Ernesto estaba entusiasmado por ir de prisa así que ni siquiera pensó en lo que la ardilla le dijo.  Nuevamente los otros animales lo veían ir y volver de un lado a otro. Algunos de ellos, extrañados por esta transformación en la tortuga, se escondieron para espiarla y así se dieron cuenta que Ernesto se ayudaba de la ardilla voladora para obtener ese gran poder de ser veloz.
En pocos momentos, los animales del bosque ya tenían vigiladas a las ardillas voladoras dentro de su árbol con la finalidad de que les fueran dando a cada uno de ellos polvos de uña, para poder ser así todos muy veloces.
Y así pasaron los días, y la vida en aquel bosque, hasta que Roctalá se trastornó. Todos los animales hacían las cosas tan rápido que les sobraba mucho tiempo, pero como no podían detenerse a descansar, al término del día lucían sus rostros muy agotados, pero aún dormían poco, ya que también soñaban de prisa…
El único que no había utilizado los polvos de ardilla era Mateo la lechuza del bosque. Él había observado cómo la vida en aquel lugar había cambiado por completo, y también se percataba de que los animales ya no lucían tan felices después de todo. Una noche, mientras los animales dormían un poco, Mateo se acercó al río y en su reflejo pudo hablar con una estrella, a quien le preguntó cómo podía hacer para que sus amigos del bosque volvieran a la normalidad. La estrella que brillaba intensamente esa noche en el cielo y le dio la solución: Mateo tendría que conseguir: un diente de cocodrilo, seis pelos de cola de ardilla voladora, cinco plumas de pájaro y un trozo de la corteza del árbol en donde las ardillas voladoras usualmente habitan.
Mateo emprendió inmediatamente la búsqueda, por la noche estuvo fraguando un plan para obtener los elementos necesarios y verás lo que hizo… Muy temprano, mientras los cocodrilos dormían, pintó una piedra con la imagen de una rana con ancas gordas y apetitosas, al despertar un cocodrilo vio esa gran rana y rápido se dispuso a dar un gran mordisco, dejando irremediablemente sus dientes en la roca… así que la lechuza ya tenía su primer ingrediente: un diente de cocodrilo. Luego se dirigió al centro del bosque y organizó entre las aves una competencia de vuelo, verían quién podría llegar primero al río ida y vuelta; la competencia inició, las aves que volaban tan rápido iniciaron la carrera ansiosas, pero justo cuando venían ya de regreso Mateo con sus garras hizo que una frondosa rama de árbol callera sobre las aves, quienes al volar tan de prisa lo hacía sin precaución quedando dos de ellas  atrapadas, Mateo las ayudó a salir no sin antes tomar las plumas que dejaron entre las ramas, de esta forma Mateo ya tenía su segundo ingrediente: cinco plumas de pájaro. Las tomó con sus patas y las llevó donde dejó el diente de cocodrilo.
Finalmente se dirigió al árbol de las ardillas voladoras y hábilmente arrancó un trozo de la corteza del árbol. Estaba casi todo listo, pero ¿cómo haría Mateo para arrancar seis pelos de la cola de una ardilla? De pronto una gran idea le llegó, con su pico empezó a hacer un hoyo en la parte posterior del árbol, al instante las ardillas se molestaron y empezaron a reclamarle pero él se justificó diciendo que estaba haciendo ese hoyo para darles una sorpresa.
Mateo se adentró en el bosque, recolecto una bellota y enseguida voló de regreso al árbol de las ardillas, se las ofreció  por la entrada principal del árbol, mientras volaba al otro lado para alcanzar a pescar la cola de la ardilla que se asomaba por aquel pequeño hoyo que Mateo había hecho con su pico. Feliz de haber cumplido su propósito regreso volando a donde guardaba el resto de los ingredientes y aguardo a que la noche cayera.
Cuando la estrella apareció nuevamente en el cielo Mateo le mostró lo que le había pedido, la estrella le pidió que depositara todo en el río, así lo hizo la lechuza y enseguida la estrella bajo para tocar el agua. En ese momento, y con un gran reflejo sobre el cielo, las nubes se llenaron del agua del río y comenzó a llover. El bosque se bañó con esta lluvia y a la mañana siguiente, todo volvió a la normalidad: La tortuga iba despacio y muy feliz, las aves volaban a placer, y así cada uno de los habitantes del bosque recuperaba su ritmo de vida, aquel que un día consideraron lento y que ahora valoraban como el único y adecuado para ser felices.
¡FELIZ REGRESO A CLASES!
Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín

REFERENCIAS: La Sabiduría de los cuentos de hadas, Rudolf Steiner, Madrid 2003.