jueves, 28 de junio de 2012

Capacitación para maestros que dejan huella


Cuando escuchamos sobre un curso de capacitación, muy probablemente lleguen a nuestro entendimiento varias ideas, como por ejemplo, aprender algo nuevo, adquirir nuevas habilidades para mejorar nuestra labor, conocer conceptos de vanguardia que pudieran ser implementados en el aula… Un sinfín de representaciones gráficas y  expectativas suscitadas por el título o nombre que se le dé a dicho curso. Lo cierto es que la actualización, el continuo aprender son elementos necesarios en nuestras vidas, al igual que en nuestro trabajo. Benjamin Britten decía: “Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede”. Nuestro cerebro es como un músculo, que al estarlo utilizando frecuentemente se entrena, se activa; pero ¿Qué pasa cuando la situación es contraria? Existe atrofia, el músculo pierde movilidad, capacidad de reacción, lo mismo sucede con nuestro cerebro.

Vivimos en un mundo cambiante, en continuo movimiento, con necesidades educativas y de formación que representan un reto muy interesante para los docentes. Retos que demandan de maestros flexibles sí, pero también que exigen maestros bien preparados, con la capacidad y sensibilidad necesarias para formar a las generaciones que le dan y darán dirección a nuestro mundo. ¿Cómo estamos nosotros ahora mismo para enfrentar estas necesidades?  ¿Estamos listos para ejercer con pasión nuestra labor docente? ¿Estamos preparados para decir sí?

Mientras disfruto y aprendo como ponente, tallerista o capacitadora, he descubierto que es más común de lo que se esperaría, recibir audiencias con ideas muy vagas de los temas que se tratarán en los cursos o incluso los beneficios prácticos que les aportarán. Imagino que en gran parte se debe a que es naturaleza humana, seguir la inercia del trabajo y la preparación profesional, en distracción involuntaria.

Con mucha frecuencia percibo que sólo el  70% de los asistentes llega antes de la hora prevista, el 10% llega al momento de inicio y el resto se van incorporando en los primeros 10 ó 15 minutos. Muchos compañeros dicen que es cuestión cultural, yo creo que es problema de los relojes y la forma en que están sincronizados con el tiempo.

Una vez que comenzamos, se empieza el espacio a llenar de sonrisas, movimiento, anhelos, vivencias, emociones, aprendizajes, saberes entre otras muchas percepciones y manifestaciones de nuestros sentidos.
No puedo imaginar, por lo tanto, una capacitación o taller estático, pasivo, o mayormente receptivo… Creo que aún yo como guía del mismo,  saldría huyendo de hastío. Considero que el concepto de aprendizaje siempre está en un proceso dinámico, y por consiguiente, nosotros maestros al estar en una actividad formativa, debemos estar compartiendo activamente, dinamizando los procesos necesarios para enriquecernos y aprender herramientas útiles, tan prácticas que podamos utilizar y experimentar en el aula para mejorar nuestra calidad educativa, al día siguiente de recibida la capacitación, o en corto plazo.

Se aproximan cursos de capacitación y entrenamiento, los cuales tendré el enorme gusto de dirigir en compañía de coautores y colaboradores, en nuestras distintas áreas: el manejo de metodologías activas para la instrucción del Idioma Inglés en nivel Preescolar y Primaria (“BRAIN ACTIVATING ENGLISH”),   para el desarrollo humano y adopción de valores forjando actitudes en el nivel Primaria (“MIS CARTAS DE NAVEGACIÓN”), y estímulos dinamizadores de la comprensión lectora.  Todas ellas con el objetivo de retomar los procesos naturales de Aprendizaje, con bases en la Neuropsicoeducación y con inclusión y vinculación de modelos educativos de vanguardia.  Hago a continuación un elenco de las fechas y sedes donde se realizarán las mismas, extendiendo a todos los docentes interesados en refrescar estrategias pedagógicas y didácticas, a contactarnos para asistir a las mismas:

Las sedes y fechas:

Morelia, Michoacán; 1 de Agosto.

Celaya, Guanajuato; 2 de Agosto.

Salamanca, Guanajuato, 3 de Agosto.

Guadalajara, Jalisco, 4 de Agosto.

Querétaro, Qro, 6 de Agosto.

Pachuca, Hidalgo; 8 de Agosto.

México, D.F; 9 de Agosto.

Metepec, Estado de México; 11 de Agosto.

Zamora, Michoacán; 16 de Agosto.

Uruapan, Michoacán; 17 de Agosto.

Apatzingan, Michoacán; 18 de Agosto.

San Rafael, Veracruz; 28 de Agosto.




Todos los talleres son en horario de 10 a 2 de la tarde, y de 4 a 7 p.m. Un total de 7 horas de compartir aprendizajes significativos.

Te invito a navegar en esta embarcación pesquera, llama para más informes al 01-800-830-4114 ó envía tus comentarios a inf@zarragaeditores.com

“La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”.  (María Montessori)

Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín

lunes, 11 de junio de 2012

La historia de amor...


Muchas veces he escuchado como algunas personas me comparten con gran tristeza la experiencia de haberse enterado de que “No fueron planeados en el momento de su nacimiento” o aún más, “que no fueron deseados”… Cuando escucho esto, cuando puedo percibir incluso el tono en el que esto se expresa y la carga afectiva que le acompaña, pareciera que eso conlleva un enorme peso que habrá de cargarse la vida completa y que irá invariablemente acompañado de dolor o angustia o infelicidad, como si la persona dijera constantemente en su interior “Dado que no fui deseado o planeado en mi concepción, entonces no puedo ni debo ser feliz ¿Cómo podría serlo?” y bueno, casi hasta parece que esto fuera realmente verdadero, por lo menos así lo atestiguan las innumerables y dolorosas experiencias transcurridas.

 Ahora bien, ¿Será realmente así? ¿Será que dado que no fui esperado o deseado en mi concepción no tengo entonces derecho ni posibilidad de ser pleno o feliz? Si trato de valorarlo centrado en mí, surgen muchas dudas al respecto… ¿Será acaso que nosotros controlamos del todo el asunto de quien nace y quien no?,  ¿Será que realmente controlamos también cuando se nace y cuando no?. A mi esto me parecería una gran arrogancia, al ponerme yo en esa posición pareciera que yo fuera más grande que la vida, pareciera también que yo la pudiera controlar y eso me resulta una percepción que tiene muy poco que ver con la realidad, considero que la vida invariablemente es mucho, pero mucho más grande que yo y que definitivamente tiene sus propios caminos que algunas veces medio puedo entender y ejercer algún control, pero que las más de las veces pareciera que más bien yo no soy más que una ligera pluma mecida por sus juguetones soplidos que me hacen ir y venir, subir y bajar, a veces incluso caer en picada.

 Cuando presto demasiada atención a ese asunto de que si fui deseado o no,  si fui planeado o no, me olvido de ver el evento más importante para mí: ¡Qué estoy aquí! ¡Qué tengo la oportunidad de vivir como sea que la vida haya llegado para mí! ¡La puerta se abrió y entré, no hay más! Y para que esa puerta se abriera para mí, invariablemente, me guste o no, lo sepa o no, lo quiera ver o no… existe una historia de amor, no de ese amor romántico que se vive en nuestras más apasionadas telenovelas, sino de ese otro tipo de amor, ese enorme amor que se encuentra del lado de la vida, que todo lo sostiene, lo energiza y que en esa maravillosa sintonía con la naturaleza, mucho más allá de la razón nos permite la posibilidad de la cocreación.

 Puede ser que la historia de amor que nos antecede haya sido muy pero muy breve, tanto que quizás incluso los mismos protagonistas no se percataron de ello o no la recuerdan, o bien, puede ser que haya sido una historia de amor cuya duración incluso aún hoy la podamos constatar y mirarla en su caminar desde lejos, esa duración tampoco es lo más importante, no hay una que valga más que otra, en realidad cada una tiene su propio valor y su propia trascendencia, la cual, por cierto, cobra vida a través de ti y de mi y todos y cada uno de nosotros que tenemos la fortuna de permanecer aún aquí mientras llega nuestro momento.

De manera que entonces no importa tanto si fui o no deseado, si fui o no planeado, lo importante es que hubo una historia de amor para que yo llegara y que ESTOY AQUÍ, lo demás… son solamente eventualidades del camino que nos van dando justo lo que necesitamos para poder ir llegando a ser lo que hemos de ser.
Mario Alberto Núñez Molleda- Psicoterapeuta


martes, 15 de mayo de 2012

La voz invisible


Uno de esos días que dedicamos tiempo a platicar, un amigo me compartió una historia que hizo que mi corazón latiera fuertemente:

Esta historia trata sobre un joven, que un día estaba cerca de un acantilado. Mientras caminaba de frente maravillado por el paisaje, se acercaba sin darse cuenta, peligrosamente hasta la orilla. De pronto le pareció escuchar una vocecita, que suavemente le decía al oído: “Ve más despacio, y mira por dónde van tus pasos”. El joven volteó para ver quién estaba justo detrás de él hablándole, pero no vio a nadie y continuó su camino.

Mantuvo su marcha de prisa hacia la imponente barranca, con un deseo incontenible de contemplar la cañada desde esa gran altura… Nuevamente escuchó una vocecita tenue que le decía: “Si yo fuera tú, caminaría más lento, así podría disfrutar más del paisaje, y no me acercaría tan rápido a la orilla, puede ser peligroso, es muy alta esta montaña…” El joven miró nuevamente a su alrededor para ver quién estaba aconsejándolo, pero no vio a nadie ahí y siguió incrédulo su camino.

Cuando estaba ya muy cerca de la orilla, sintió bajo sus pies la tierra resbalosa y frágil cediendo al peso de su cuerpo, había un peligro real de despeñarse por la barranca. En ese momento escuchó de nuevo una voz tras su oído: “Acuéstate en el piso, sujétate de ese árbol y disfruta de este hermoso acantilado, tal vez en esta posición puedas evitar caer”…  

El joven inmediatamente se tiro al piso y se sujetó del tronco de un pequeño árbol que estaba a su derecha. La tierra suelta de la orilla, se desprendía hacia la barranca con tan sólo tocarla. Efectivamente, hubiera podido caer desde tal altura. Al darse cuenta de esto, buscó nuevamente a su alrededor al que estaba ayudándolo a guiar sus movimientos, pero por mucho que se esforzó no encontró a nadie. Ese día el joven disfrutó por un largo rato su visita al acantilado con el placer de percibir no sólo lo que sus ojos podían apreciar, sino también sus oídos, su olfato, su tacto y todos sus otros sentidos…

Muchos maestros pasamos invisibles a la vista de nuestros alumnos; algunas veces pareciera que tenemos un poder mágico para no ser vistos o escuchados, y también es como si en algunas otras ocasiones nuestra presencia no fuera tan requerida o necesaria. Pero algo es seguro; la vocación que llevamos en el corazón para ser maestros, alcanza con sus latidos, las fibras más sensibles, aquellas que hacen que los jóvenes, como el de la historia, escuchen consejos sin darse cuenta de dónde o de quién provienen. Hacen que las personas razonen, hacen que las conciencias se eleven y pueda evolucionar nuestro mundo, nuestra especie, nuestro universo, y todo ello, gracias a los latidos fuertes del corazón de un maestro…

¡Muchas felicidades maestros por latir tan fuertemente!

Cariñosamente:

Mtra. María Natividad Fernández Morfín.


sábado, 12 de mayo de 2012

Entre la realidad de adentro y la realidad de afuera…


En mi trabajo como psicoterapeuta suelo encontrar con cierta frecuencia un importante conflicto vivido por muchas  personas: por un lado está aquello que ocurre fuera de ellas mismas y por otro lado está aquello que ocurre dentro y que por desgracia (aparentemente), pareciera que caminan en direcciones no solo diferentes sino incluso, contradictorias… Una mujer me puede decir: “pienso que no he logrado nada en mi vida”, mientras que resulta ser una esforzada mujer que trata de hacer lo mejor que puede, que es madre, que satisface muchas de las necesidades de su hijo, que logra salir adelante gracias a su esfuerzo y habilidades, que al mismo tiempo que es madre y ama de casa, intenta también alcanzar sus anhelos profesionales, etc. Sin embargo pareciera que todo esto tiene la cualidad de ser invisible a su percepción, como si se diluyera en el aire mismo.

¿Qué es lo que pasa ahí? ¿Cómo es que esto ocurre? ¿Cómo es que los ojos se cierran de esa manera? ¿Cómo es que los oídos se ponen sordos? Anthony de Mello dice que la felicidad y de la mano de ella, la plenitud, están invariablemente disponibles para nosotros… solamente que solemos tener mucho miedo de alcanzarla, dado que al parecer no estamos acostumbrados a tenerla. Aún cuando pudiera resultar contradictorio, parecemos preferir perseguirla que tenerla y buscamos de una y mil maneras “alcanzarla” deseamos desarrollar al máximo nuestra “espiritualidad” porque alguien nos ha dicho que quizás ahí la encontraremos, buscamos a la mujer perfecta o al hombre perfecto porque “sabemos que ahí la encontraremos” deseamos ser los padres perfectos para en la realización de este ideal lograr la plenitud, sin embargo, invariablemente pareciera faltar algo más…

Y mientras yo me atareo en el desarrollo de mi “espiritualidad”, en la búsqueda de la mujer perfecta o del hombre perfecto, en la capacitación necesaria para ser el padre ideal… el sol ha salido en innumerables ocasiones pintando el cielo de mil colores a cual más de ellos fantásticamente perfectos, los campos han florecido con flores de diversos colores, tamaños, aromas, texturas; he tenido frente a mí a una gran cantidad de personas a cual más de ellas valiosas; el canto de los pájaros ha llenado el ambiente por completo con distintas tonalidades e intensidades; mi hijo me ha mirado desde su corazón con un profundo agradecimiento; mis padres han vibrado en su interior pletóricos de orgullo por lo por mi logrado y… nada de ello ha alcanzado a ser verdaderamente mío, pues yo estoy comprometidamente buscando la plenitud, la felicidad y bueno, el mundo mientras tanto pasa frente a mí, se configura, se transforma, se diluye, siempre disponible para mí, siempre listo para que yo lo haga mío y junto con él la vida… y quizás lo he perdido de vista…

¿Podría ser que por un momento me detuviera? ¿Podría ser que por un momento dejara de mirar mi interior y todo lo que ello conlleva y que pudiera mirar lo que acontece frente a mí? ¿Cómo sería para mí lograrlo? Quien sabe… quizás al hacer mío lo que evidentemente pasa hasta pudiera empezar a resultarme familiar esa grata vibración en mi pecho que a lo mejor se parece mucho a la felicidad, a la plenitud, quizás hasta pudiera acostumbrarme a eso de a poco, a dejar de buscar y dedicarme a encontrar e incluso, a lo mejor hasta pudiera llegar a encontrarme a mí mismo y podría entonces saberme uno con todo lo que está listo para mí.
Mario Alberto Núñez Molleda- Psicoterapeuta



miércoles, 2 de mayo de 2012

Disonancia cognitiva, una llave que abre a un momento didáctico significativo.

Disonancia cognitiva, una llave que abre a un momento didáctico significativo.

La forma en que la información es recibida, procesada e interpretada en nuestro cerebro, define no sólo la toma de decisiones trascendentales, sino la manera en que ejecutamos las funciones más simples y sencillas; algunas de ellas, pudieran incluso parecer realizadas de manera automática, sin que nuestra conciencia nos avise que está entrando en un proceso de análisis.
Dentro del salón de clases existen procesos y también modelos de enseñanza y de aprendizaje, que han sido estudiados y analizados con la finalidad de desarrollar teorías y estrategias que aporten a la comprensión y mejora de la calidad educativa en nuestro País y en el mundo entero.
 En mi experiencia como evaluadora de la competencia lingüística he podido observar lo predecible de los procesos lingüísticos que ocurren en el salón de clases. Aún cuando se trate de instituciones de variada índole y naturaleza, prevalecen constantes que visten y guían el desarrollo del maestro dentro del aula. Y para dar respaldo a esta aseveración les pido que por un momento reflexionemos sobre la forma en que desarrollamos un día de clase como docentes, la manera en que saludamos, la forma en que registramos la asistencia, nuestros comentarios entre una actividad y otra, cómo damos las indicaciones para salir al descanso, con quiénes compartimos los momentos de recreación en la escuela, lo que usualmente platicamos, cómo retomamos el desarrollo de la clase al volver del recreo, la forma en que cerramos la mañana o tarde de trabajo, la manera en que enviamos la tarea y nos retiramos a casa. Efectivamente podríamos pensar en una rutina. Una rutina de trabajo, dicho desde otro punto de vista una rutina de enseñanza y, de igual manera, por qué no, una rutina de aprendizaje. 
Las rutinas funcionan de muchas maneras. Probablemente hemos escuchado que es muy favorable que un bebé siga una rutina en su esquema de alimentación, sueño y actividades. De acuerdo a Francisco Sáez, fundador de “Facile Things”, las rutinas aportan ciertos beneficios como: simplificar la vida, reducir esfuerzo, aumentar la seguridad y confianza, incrementar la serenidad personal, y ayudar al perfeccionamiento de algunas habilidades. En resumen, el cerebro opera en asonancia o armonía cognitiva.
Operar de manera armónica suena a simple vista lo más recomendable y de hecho es positivo ser armónicos durante el desarrollo de nuestra rutina o esquema de vida, quiero decir que romper constantemente rutinas, o estar en continua fluctuación sería un desorden que en la mayoría de nosotros podría causar confusión y desánimo, además de problemas para adaptarnos. Pero ¿Qué gran parte de nuestro potencial queda comprometido al sólo seguir rutinas?

En el salón de clases, como al inicio comentaba, se crean rutinas en los procesos. Nos daríamos cuenta si pudiéramos video-grabarnos, como incluso, utilizamos un mismo y muy limitado léxico dentro de nuestra mañana o tarde de trabajo escolar.  Resultamos por tanto, altamente “predecibles” en nuestra actividad docente. Desde el enfoque de las Neurociencias, lo que es predecible en los salones de clases es sinónimo de “aburrido”, y el cerebro, al ser un órgano que busca placer, no aplica su potencial en niveles apropiados ante situaciones que producen aburrimiento, que carecen de interés.
Es recomendable por tanto, siempre proveer de variedad en los procesos, ya que esto nos facilita el verdadero desarrollo de las competencias. En esta ocasión quiero mostrarles la llave que abre el ropero de la abuela.  A esta llave la llamamos “disonancia cognitiva” la cual se define como: Un momento didáctico en el que un elemento de fricción requiere que el aprendiz reconcilie una idea disparatada con su modelo mental previo. Este concepto fue formulado por primera vez en 1957 por el Psicólogo estadounidense Leon Festinger, en su obra “A theory of cognitive dissonance”. En su teoría plantea, que al producirse la incongruencia o disonancia de manera apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir tensión, hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes embonen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna. http://facilethings.com, http:// wikipedia.com
Un ejemplo sencillo de una disonancia cognitiva en el aula es presentar una actividad de una manera disparatada o con elementos secundarios incongruentes, por ejemplo: Introducir el tema de las sumas a nivel primaria, con un ejemplo como este:
2 moscas naranjas + 2 moscas amarillas suman un totalde 4 moscas.
Es evidente que los niños no han visto moscas naranjas ni tampoco amarillas; en este instante el cerebro inicia un proceso de fricción que nos genera “un momento didáctico” en donde lo que sea que estemos instruyendo, en este caso la función de sumar, será asimilado, y anclado de una forma más sencilla, pero sobre todo, más duradera gracias a los procesos que se agilizan de manera no consciente en el cerebro. Como este ejemplo, podríamos encontrar muchos más: Para centrar la atención, saludar a manera de despedida; o quizá prepararnos para salir al recreo, como si fuéramos a aplicar un examen o viceversa. El hecho importante es dar variedad a esa rutina en la que estamos inmersos durante nuestro día de trabajo, siempre con un objetivo claro que favorezca la enseñanza.
Yo los invito a incluir las disonancias cognitivas en el aula, cuya efectividad está probada; estoy segura que podrán generar muchos, muy productivos y agradables momentos didácticos. Podrán existir infinitos tipos de llaves para abrir el ropero de la abuela pero, sin duda alguna, la llave que ciertamente lo abrirá es aquella que logre embonar perfecto con la cerradura.
Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín
01-800-830-4114.

jueves, 19 de abril de 2012

Algo más grande sostiene...

Algunas veces suceden cosas que parecen ser totalmente absurdas, muy difíciles de entender o incluso  inexplicables: Alguien que se esfuerza mucho y que a pesar de eso no logra conseguir el éxito o la prosperidad, alguien más que parece ser una gran persona sufre un terrible accidente que lo imposibilita significativamente para hacer lo que solía hacer, un niño pequeño que pierde la vida en un inexplicable accidente…

Los recursos habituales de la inteligencia como la lógica, el análisis, la síntesis o la razón misma, “no dan” para poder desenmarañar estas misteriosas situaciones, no hay manera de encontrar razones que puedan explicar como es que éstas ocurren, al igual que muchas otras más.  ¿Qué queda entonces? ¿La desesperanza? ¿La ira? ¿La desilusión? Realmente me parece que no es nada difícil que este tipo de sentimientos o actitudes semejantes vayan llegando y llenando de a poco, tanto el corazón como la mente... Aparentemente, ¿qué otro camino puede quedar ante eso?...

Sin embargo, yo creo que hay aún algunas opciones, alguna al menos. ¿Cómo sería si de repente yo tuviera la certeza absoluta de que todo eso que miro y que no parece tener cabida en mi sentido de la lógica o de lo adecuado, responde a una fuerza mucho más grande que mi pensamiento, que lo sostiene todo? ¿Cómo sería saber que hay un plan mayor y que ese plan es definitivamente infalible para acompañarnos a llegar a ese lugar perfecto a donde hemos de llegar en lo más profundo de nuestro ser? Y ¿Cómo sería saber que es definitivamente así para todos y cada uno de nosotros y para todas y cada una de las situaciones?

Quizás, si contáramos con esa certeza, entonces podríamos también quizás suponer que en realidad “Todo está bien, que no hay nada de que preocuparnos, que la vida tiene realmente una dirección y que esa dirección es certera de verdad”.

Ahora bien ¿Cómo poder acercarme a esa perspectiva? Probablemente en realidad no sea tan difícil como aparentemente parece… Tal vez si pudieras abrir tus ojos un poco más de lo habitual y pudieras reconocer lo que este día tiene para ti, reconocerlo de verdad incluyendo en tu percepción la maravilla de la vida que corre bajo tu pies, que transcurre frente a tu mirada, si pudieras entender que una semilla solamente muere de verdad cuando se mantiene siendo una semilla indefinidamente, si pudieras entender que la más hermosa de las flores únicamente ha podido llegar a serlo gracias a muchas otras que estuvieron antes y que después pasaron a formar parte del lugar donde ahora la nueva existe… quizás entonces podría empezar a ser posible que pudieras vislumbrar que definitivamente hay algo mucho más grande, que TODO lo sostiene y que a TODO le da un lugar, un momento y un acomodo en particular, aún a aquello que definitivamente se encuentra completamente fuera del alcance de mi limitada lógica, de mi limitado pensamiento.
Mario Alberto Núñez Molleda - Psicoterapeuta


sábado, 7 de abril de 2012

Cuando las palabras no alcanzan... el cuerpo habla

Dicen que los sentimientos son en la vida como los acentos en la ortografía, los acentos tienen la cualidad de poner el énfasis en cierta parte de la palabra, de igual manera, los sentimientos tienen la cualidad de poner énfasis en cierta parte de la existencia humana, de los momentos vividos, de la experiencia misma. Esto, aunque pudiera parecer evidente en la comprensión, pareciera no serlo tanto en la vivencia, de tal manera que pareciera que la vamos escribiendo con evidentes faltas de ortografía, sin distinguir entre las agudas, las graves, las esdrújulas y las sobreesdrújulas.

 Cuando pasa que solo escribimos breves frases, pareciera que la trascendencia de  nuestras omisiones fuera mínima, sin embargo, cuando se trata de textos completos, cartas llenas de frases, o incluso quizás breves historias, las cosas cambian, pues el sentido de lo experimentado se deforma de manera evidente y entonces, no es nada difícil perderle el hilo a la experiencia y pues resulta que aquello que registré en mi texto interno pareciera no corresponder en lo más mínimo con la experiencia vivida, todo es confuso, donde debiera decir amó se lee amo, donde debiera decir regresé se lee regrese, incluso, donde debiera leerse cazó se lee casó… en fin, todo aquello se vuelve muy difícil de ir hilando.

Ahora bien ¿Cómo puedo ir acomodando todo eso? que finalmente resulta indispensable poder hacerlo para poder seguir interactuando de alguna forma y bueno, pues una manera frecuente en como solemos hacerlo es acentuando otro elemento de nuestras posibilidades de interacción: nuestro cuerpo… y lo hacemos de diversas maneras, por ejemplo, si mi cuerpo es pequeño y frágil aún y me encuentro ante una situación de vida muy, muy grande que me queda imposible poner en las palabras adecuadas… pues tengo aún el recurso de “hacerme grande” y entonces, mi cuerpo empieza a incrementar su volumen para poder “cargar” con eso que no pude acomodar como correspondía, en las palabras adecuadas y con la “correcta ortografía” y es así que entonces, mi cuerpo va ensanchándose de a poco en poco hasta tener el tamaño exacto que permita cargar con ello. Otra forma, es a través de síntomas concretos, algunas veces muy directos y otras más sutilmente, entonces pasa que me encuentro en mi vida con una experiencia que “me cuesta trabajo digerir” y en mi cuerpo aparece “como por arte de magia” una tremenda “colitis nerviosa” que resulta insufrible y renuente a toda clase de remedios y medicamentos y que “curiosamente” cede por completo cuando algo de mi situación existencial “se acomoda”.

 Una forma más en que nuestro cuerpo nos ayuda en esa interacción con el mundo es, a través de mecanismos tan inusitados como los que algunos jóvenes me han compartido: “Algunas veces me siento muy desesperado, ni siquiera sé la razón ni tampoco sé que hacer para que se calme y lo que hago es hacerme algunas cortadas en los brazos o en las piernas…” es así que entonces, los brazos y las piernas se convierten en los renglones donde los jóvenes hacen las planas completas de lo que se hizo inadecuadamente en otro momento y como prohibida tarea, se oculta detrás de las mangas de la blusa o de la camisa o de los entallados pantalones, es una tarea de alto costo sin embargo, todo sea por lograr darle un sentido a la experiencia de alguna u otra forma.

 Sin duda que cuando las palabras no alcanzan el cuerpo tiene sus maneras de completar la expresión, a veces en automático y otras nosotros valiéndonos de él, solo que pareciera que cuando lo hacemos así fuera una de esas tareas que tanto sancionan las maestras tradicionales, llena de manchones, con letra a veces ilegible, como “patas de araña” y digna de ser repetida nuevamente, esto dado su poca posibilidad de ser leída, te acuerdas como cuando siendo niño alguien te decía “¿Qué son esos jeroglíficos?”.