martes, 15 de mayo de 2012

La voz invisible


Uno de esos días que dedicamos tiempo a platicar, un amigo me compartió una historia que hizo que mi corazón latiera fuertemente:

Esta historia trata sobre un joven, que un día estaba cerca de un acantilado. Mientras caminaba de frente maravillado por el paisaje, se acercaba sin darse cuenta, peligrosamente hasta la orilla. De pronto le pareció escuchar una vocecita, que suavemente le decía al oído: “Ve más despacio, y mira por dónde van tus pasos”. El joven volteó para ver quién estaba justo detrás de él hablándole, pero no vio a nadie y continuó su camino.

Mantuvo su marcha de prisa hacia la imponente barranca, con un deseo incontenible de contemplar la cañada desde esa gran altura… Nuevamente escuchó una vocecita tenue que le decía: “Si yo fuera tú, caminaría más lento, así podría disfrutar más del paisaje, y no me acercaría tan rápido a la orilla, puede ser peligroso, es muy alta esta montaña…” El joven miró nuevamente a su alrededor para ver quién estaba aconsejándolo, pero no vio a nadie ahí y siguió incrédulo su camino.

Cuando estaba ya muy cerca de la orilla, sintió bajo sus pies la tierra resbalosa y frágil cediendo al peso de su cuerpo, había un peligro real de despeñarse por la barranca. En ese momento escuchó de nuevo una voz tras su oído: “Acuéstate en el piso, sujétate de ese árbol y disfruta de este hermoso acantilado, tal vez en esta posición puedas evitar caer”…  

El joven inmediatamente se tiro al piso y se sujetó del tronco de un pequeño árbol que estaba a su derecha. La tierra suelta de la orilla, se desprendía hacia la barranca con tan sólo tocarla. Efectivamente, hubiera podido caer desde tal altura. Al darse cuenta de esto, buscó nuevamente a su alrededor al que estaba ayudándolo a guiar sus movimientos, pero por mucho que se esforzó no encontró a nadie. Ese día el joven disfrutó por un largo rato su visita al acantilado con el placer de percibir no sólo lo que sus ojos podían apreciar, sino también sus oídos, su olfato, su tacto y todos sus otros sentidos…

Muchos maestros pasamos invisibles a la vista de nuestros alumnos; algunas veces pareciera que tenemos un poder mágico para no ser vistos o escuchados, y también es como si en algunas otras ocasiones nuestra presencia no fuera tan requerida o necesaria. Pero algo es seguro; la vocación que llevamos en el corazón para ser maestros, alcanza con sus latidos, las fibras más sensibles, aquellas que hacen que los jóvenes, como el de la historia, escuchen consejos sin darse cuenta de dónde o de quién provienen. Hacen que las personas razonen, hacen que las conciencias se eleven y pueda evolucionar nuestro mundo, nuestra especie, nuestro universo, y todo ello, gracias a los latidos fuertes del corazón de un maestro…

¡Muchas felicidades maestros por latir tan fuertemente!

Cariñosamente:

Mtra. María Natividad Fernández Morfín.


sábado, 12 de mayo de 2012

Entre la realidad de adentro y la realidad de afuera…


En mi trabajo como psicoterapeuta suelo encontrar con cierta frecuencia un importante conflicto vivido por muchas  personas: por un lado está aquello que ocurre fuera de ellas mismas y por otro lado está aquello que ocurre dentro y que por desgracia (aparentemente), pareciera que caminan en direcciones no solo diferentes sino incluso, contradictorias… Una mujer me puede decir: “pienso que no he logrado nada en mi vida”, mientras que resulta ser una esforzada mujer que trata de hacer lo mejor que puede, que es madre, que satisface muchas de las necesidades de su hijo, que logra salir adelante gracias a su esfuerzo y habilidades, que al mismo tiempo que es madre y ama de casa, intenta también alcanzar sus anhelos profesionales, etc. Sin embargo pareciera que todo esto tiene la cualidad de ser invisible a su percepción, como si se diluyera en el aire mismo.

¿Qué es lo que pasa ahí? ¿Cómo es que esto ocurre? ¿Cómo es que los ojos se cierran de esa manera? ¿Cómo es que los oídos se ponen sordos? Anthony de Mello dice que la felicidad y de la mano de ella, la plenitud, están invariablemente disponibles para nosotros… solamente que solemos tener mucho miedo de alcanzarla, dado que al parecer no estamos acostumbrados a tenerla. Aún cuando pudiera resultar contradictorio, parecemos preferir perseguirla que tenerla y buscamos de una y mil maneras “alcanzarla” deseamos desarrollar al máximo nuestra “espiritualidad” porque alguien nos ha dicho que quizás ahí la encontraremos, buscamos a la mujer perfecta o al hombre perfecto porque “sabemos que ahí la encontraremos” deseamos ser los padres perfectos para en la realización de este ideal lograr la plenitud, sin embargo, invariablemente pareciera faltar algo más…

Y mientras yo me atareo en el desarrollo de mi “espiritualidad”, en la búsqueda de la mujer perfecta o del hombre perfecto, en la capacitación necesaria para ser el padre ideal… el sol ha salido en innumerables ocasiones pintando el cielo de mil colores a cual más de ellos fantásticamente perfectos, los campos han florecido con flores de diversos colores, tamaños, aromas, texturas; he tenido frente a mí a una gran cantidad de personas a cual más de ellas valiosas; el canto de los pájaros ha llenado el ambiente por completo con distintas tonalidades e intensidades; mi hijo me ha mirado desde su corazón con un profundo agradecimiento; mis padres han vibrado en su interior pletóricos de orgullo por lo por mi logrado y… nada de ello ha alcanzado a ser verdaderamente mío, pues yo estoy comprometidamente buscando la plenitud, la felicidad y bueno, el mundo mientras tanto pasa frente a mí, se configura, se transforma, se diluye, siempre disponible para mí, siempre listo para que yo lo haga mío y junto con él la vida… y quizás lo he perdido de vista…

¿Podría ser que por un momento me detuviera? ¿Podría ser que por un momento dejara de mirar mi interior y todo lo que ello conlleva y que pudiera mirar lo que acontece frente a mí? ¿Cómo sería para mí lograrlo? Quien sabe… quizás al hacer mío lo que evidentemente pasa hasta pudiera empezar a resultarme familiar esa grata vibración en mi pecho que a lo mejor se parece mucho a la felicidad, a la plenitud, quizás hasta pudiera acostumbrarme a eso de a poco, a dejar de buscar y dedicarme a encontrar e incluso, a lo mejor hasta pudiera llegar a encontrarme a mí mismo y podría entonces saberme uno con todo lo que está listo para mí.
Mario Alberto Núñez Molleda- Psicoterapeuta



miércoles, 2 de mayo de 2012

Disonancia cognitiva, una llave que abre a un momento didáctico significativo.

Disonancia cognitiva, una llave que abre a un momento didáctico significativo.

La forma en que la información es recibida, procesada e interpretada en nuestro cerebro, define no sólo la toma de decisiones trascendentales, sino la manera en que ejecutamos las funciones más simples y sencillas; algunas de ellas, pudieran incluso parecer realizadas de manera automática, sin que nuestra conciencia nos avise que está entrando en un proceso de análisis.
Dentro del salón de clases existen procesos y también modelos de enseñanza y de aprendizaje, que han sido estudiados y analizados con la finalidad de desarrollar teorías y estrategias que aporten a la comprensión y mejora de la calidad educativa en nuestro País y en el mundo entero.
 En mi experiencia como evaluadora de la competencia lingüística he podido observar lo predecible de los procesos lingüísticos que ocurren en el salón de clases. Aún cuando se trate de instituciones de variada índole y naturaleza, prevalecen constantes que visten y guían el desarrollo del maestro dentro del aula. Y para dar respaldo a esta aseveración les pido que por un momento reflexionemos sobre la forma en que desarrollamos un día de clase como docentes, la manera en que saludamos, la forma en que registramos la asistencia, nuestros comentarios entre una actividad y otra, cómo damos las indicaciones para salir al descanso, con quiénes compartimos los momentos de recreación en la escuela, lo que usualmente platicamos, cómo retomamos el desarrollo de la clase al volver del recreo, la forma en que cerramos la mañana o tarde de trabajo, la manera en que enviamos la tarea y nos retiramos a casa. Efectivamente podríamos pensar en una rutina. Una rutina de trabajo, dicho desde otro punto de vista una rutina de enseñanza y, de igual manera, por qué no, una rutina de aprendizaje. 
Las rutinas funcionan de muchas maneras. Probablemente hemos escuchado que es muy favorable que un bebé siga una rutina en su esquema de alimentación, sueño y actividades. De acuerdo a Francisco Sáez, fundador de “Facile Things”, las rutinas aportan ciertos beneficios como: simplificar la vida, reducir esfuerzo, aumentar la seguridad y confianza, incrementar la serenidad personal, y ayudar al perfeccionamiento de algunas habilidades. En resumen, el cerebro opera en asonancia o armonía cognitiva.
Operar de manera armónica suena a simple vista lo más recomendable y de hecho es positivo ser armónicos durante el desarrollo de nuestra rutina o esquema de vida, quiero decir que romper constantemente rutinas, o estar en continua fluctuación sería un desorden que en la mayoría de nosotros podría causar confusión y desánimo, además de problemas para adaptarnos. Pero ¿Qué gran parte de nuestro potencial queda comprometido al sólo seguir rutinas?

En el salón de clases, como al inicio comentaba, se crean rutinas en los procesos. Nos daríamos cuenta si pudiéramos video-grabarnos, como incluso, utilizamos un mismo y muy limitado léxico dentro de nuestra mañana o tarde de trabajo escolar.  Resultamos por tanto, altamente “predecibles” en nuestra actividad docente. Desde el enfoque de las Neurociencias, lo que es predecible en los salones de clases es sinónimo de “aburrido”, y el cerebro, al ser un órgano que busca placer, no aplica su potencial en niveles apropiados ante situaciones que producen aburrimiento, que carecen de interés.
Es recomendable por tanto, siempre proveer de variedad en los procesos, ya que esto nos facilita el verdadero desarrollo de las competencias. En esta ocasión quiero mostrarles la llave que abre el ropero de la abuela.  A esta llave la llamamos “disonancia cognitiva” la cual se define como: Un momento didáctico en el que un elemento de fricción requiere que el aprendiz reconcilie una idea disparatada con su modelo mental previo. Este concepto fue formulado por primera vez en 1957 por el Psicólogo estadounidense Leon Festinger, en su obra “A theory of cognitive dissonance”. En su teoría plantea, que al producirse la incongruencia o disonancia de manera apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir tensión, hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes embonen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna. http://facilethings.com, http:// wikipedia.com
Un ejemplo sencillo de una disonancia cognitiva en el aula es presentar una actividad de una manera disparatada o con elementos secundarios incongruentes, por ejemplo: Introducir el tema de las sumas a nivel primaria, con un ejemplo como este:
2 moscas naranjas + 2 moscas amarillas suman un totalde 4 moscas.
Es evidente que los niños no han visto moscas naranjas ni tampoco amarillas; en este instante el cerebro inicia un proceso de fricción que nos genera “un momento didáctico” en donde lo que sea que estemos instruyendo, en este caso la función de sumar, será asimilado, y anclado de una forma más sencilla, pero sobre todo, más duradera gracias a los procesos que se agilizan de manera no consciente en el cerebro. Como este ejemplo, podríamos encontrar muchos más: Para centrar la atención, saludar a manera de despedida; o quizá prepararnos para salir al recreo, como si fuéramos a aplicar un examen o viceversa. El hecho importante es dar variedad a esa rutina en la que estamos inmersos durante nuestro día de trabajo, siempre con un objetivo claro que favorezca la enseñanza.
Yo los invito a incluir las disonancias cognitivas en el aula, cuya efectividad está probada; estoy segura que podrán generar muchos, muy productivos y agradables momentos didácticos. Podrán existir infinitos tipos de llaves para abrir el ropero de la abuela pero, sin duda alguna, la llave que ciertamente lo abrirá es aquella que logre embonar perfecto con la cerradura.
Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín
01-800-830-4114.

jueves, 19 de abril de 2012

Algo más grande sostiene...

Algunas veces suceden cosas que parecen ser totalmente absurdas, muy difíciles de entender o incluso  inexplicables: Alguien que se esfuerza mucho y que a pesar de eso no logra conseguir el éxito o la prosperidad, alguien más que parece ser una gran persona sufre un terrible accidente que lo imposibilita significativamente para hacer lo que solía hacer, un niño pequeño que pierde la vida en un inexplicable accidente…

Los recursos habituales de la inteligencia como la lógica, el análisis, la síntesis o la razón misma, “no dan” para poder desenmarañar estas misteriosas situaciones, no hay manera de encontrar razones que puedan explicar como es que éstas ocurren, al igual que muchas otras más.  ¿Qué queda entonces? ¿La desesperanza? ¿La ira? ¿La desilusión? Realmente me parece que no es nada difícil que este tipo de sentimientos o actitudes semejantes vayan llegando y llenando de a poco, tanto el corazón como la mente... Aparentemente, ¿qué otro camino puede quedar ante eso?...

Sin embargo, yo creo que hay aún algunas opciones, alguna al menos. ¿Cómo sería si de repente yo tuviera la certeza absoluta de que todo eso que miro y que no parece tener cabida en mi sentido de la lógica o de lo adecuado, responde a una fuerza mucho más grande que mi pensamiento, que lo sostiene todo? ¿Cómo sería saber que hay un plan mayor y que ese plan es definitivamente infalible para acompañarnos a llegar a ese lugar perfecto a donde hemos de llegar en lo más profundo de nuestro ser? Y ¿Cómo sería saber que es definitivamente así para todos y cada uno de nosotros y para todas y cada una de las situaciones?

Quizás, si contáramos con esa certeza, entonces podríamos también quizás suponer que en realidad “Todo está bien, que no hay nada de que preocuparnos, que la vida tiene realmente una dirección y que esa dirección es certera de verdad”.

Ahora bien ¿Cómo poder acercarme a esa perspectiva? Probablemente en realidad no sea tan difícil como aparentemente parece… Tal vez si pudieras abrir tus ojos un poco más de lo habitual y pudieras reconocer lo que este día tiene para ti, reconocerlo de verdad incluyendo en tu percepción la maravilla de la vida que corre bajo tu pies, que transcurre frente a tu mirada, si pudieras entender que una semilla solamente muere de verdad cuando se mantiene siendo una semilla indefinidamente, si pudieras entender que la más hermosa de las flores únicamente ha podido llegar a serlo gracias a muchas otras que estuvieron antes y que después pasaron a formar parte del lugar donde ahora la nueva existe… quizás entonces podría empezar a ser posible que pudieras vislumbrar que definitivamente hay algo mucho más grande, que TODO lo sostiene y que a TODO le da un lugar, un momento y un acomodo en particular, aún a aquello que definitivamente se encuentra completamente fuera del alcance de mi limitada lógica, de mi limitado pensamiento.
Mario Alberto Núñez Molleda - Psicoterapeuta


sábado, 7 de abril de 2012

Cuando las palabras no alcanzan... el cuerpo habla

Dicen que los sentimientos son en la vida como los acentos en la ortografía, los acentos tienen la cualidad de poner el énfasis en cierta parte de la palabra, de igual manera, los sentimientos tienen la cualidad de poner énfasis en cierta parte de la existencia humana, de los momentos vividos, de la experiencia misma. Esto, aunque pudiera parecer evidente en la comprensión, pareciera no serlo tanto en la vivencia, de tal manera que pareciera que la vamos escribiendo con evidentes faltas de ortografía, sin distinguir entre las agudas, las graves, las esdrújulas y las sobreesdrújulas.

 Cuando pasa que solo escribimos breves frases, pareciera que la trascendencia de  nuestras omisiones fuera mínima, sin embargo, cuando se trata de textos completos, cartas llenas de frases, o incluso quizás breves historias, las cosas cambian, pues el sentido de lo experimentado se deforma de manera evidente y entonces, no es nada difícil perderle el hilo a la experiencia y pues resulta que aquello que registré en mi texto interno pareciera no corresponder en lo más mínimo con la experiencia vivida, todo es confuso, donde debiera decir amó se lee amo, donde debiera decir regresé se lee regrese, incluso, donde debiera leerse cazó se lee casó… en fin, todo aquello se vuelve muy difícil de ir hilando.

Ahora bien ¿Cómo puedo ir acomodando todo eso? que finalmente resulta indispensable poder hacerlo para poder seguir interactuando de alguna forma y bueno, pues una manera frecuente en como solemos hacerlo es acentuando otro elemento de nuestras posibilidades de interacción: nuestro cuerpo… y lo hacemos de diversas maneras, por ejemplo, si mi cuerpo es pequeño y frágil aún y me encuentro ante una situación de vida muy, muy grande que me queda imposible poner en las palabras adecuadas… pues tengo aún el recurso de “hacerme grande” y entonces, mi cuerpo empieza a incrementar su volumen para poder “cargar” con eso que no pude acomodar como correspondía, en las palabras adecuadas y con la “correcta ortografía” y es así que entonces, mi cuerpo va ensanchándose de a poco en poco hasta tener el tamaño exacto que permita cargar con ello. Otra forma, es a través de síntomas concretos, algunas veces muy directos y otras más sutilmente, entonces pasa que me encuentro en mi vida con una experiencia que “me cuesta trabajo digerir” y en mi cuerpo aparece “como por arte de magia” una tremenda “colitis nerviosa” que resulta insufrible y renuente a toda clase de remedios y medicamentos y que “curiosamente” cede por completo cuando algo de mi situación existencial “se acomoda”.

 Una forma más en que nuestro cuerpo nos ayuda en esa interacción con el mundo es, a través de mecanismos tan inusitados como los que algunos jóvenes me han compartido: “Algunas veces me siento muy desesperado, ni siquiera sé la razón ni tampoco sé que hacer para que se calme y lo que hago es hacerme algunas cortadas en los brazos o en las piernas…” es así que entonces, los brazos y las piernas se convierten en los renglones donde los jóvenes hacen las planas completas de lo que se hizo inadecuadamente en otro momento y como prohibida tarea, se oculta detrás de las mangas de la blusa o de la camisa o de los entallados pantalones, es una tarea de alto costo sin embargo, todo sea por lograr darle un sentido a la experiencia de alguna u otra forma.

 Sin duda que cuando las palabras no alcanzan el cuerpo tiene sus maneras de completar la expresión, a veces en automático y otras nosotros valiéndonos de él, solo que pareciera que cuando lo hacemos así fuera una de esas tareas que tanto sancionan las maestras tradicionales, llena de manchones, con letra a veces ilegible, como “patas de araña” y digna de ser repetida nuevamente, esto dado su poca posibilidad de ser leída, te acuerdas como cuando siendo niño alguien te decía “¿Qué son esos jeroglíficos?”.


viernes, 30 de marzo de 2012

Decir adiós...

Cuando pienso en las muchas cosas agradables que he vivido, en las muchas personas geniales con las que a lo largo de mi vida me he ido encontrado, no puedo dejar de sentir un gran deseo de que esas cosas estuvieran ahí por siempre o de que por lo menos estuvieran siempre disponibles para volver a experimentarlas cuantas veces deseará, sin embargo y no se si desafortunadamente, eso se escapa, tiene una caducidad limitada. Una vez que llega…  las imágenes se van deslizando suavemente entre mis dedos, escapándose y quedando solamente algunos retazos que muy poco tienen que ver con lo vivido.

Cuando el tiempo llega, resulta inevitable despedirse, las opciones se agotan y no hay nada más por hacer excepto tomar lo que esa experiencia me haya dejado. Se me ocurre que resulta muy similar a cuando tengo en mis manos una hermosa fruta, quizás se trate de un gran durazno maduro, de esos que parecieran irreales, justo al punto en que su dulzura está al máximo y que ha pintado su piel en agradables tonos que van del suave amarillo a un naranja un tanto encendido, la tersura de su textura se puede casi tocar con la mirada y sus aromas lo llenan todo… Es una imagen grata, la tengo ahí, justo a mi disposición y puedo elegir tomarla o no tomarla, de cualquier manera pasará, no hay forma de preservarla tal y como se presenta para mí en ese justo momento, inevitablemente pasará.

 Si decido tomarla, entonces dejará de ser un durazno y pasará a ser otra cosa, se irá como todo se va; e igualmente si decido no tomarla, dejará de ser un durazno en algún momento y pasará a ser algo más.

Esos gratos momentos que puedo asociar con personas, con logros o con cualquier otra cosa que para mi es valiosa, resultan ser precisamente muy similares entre sí. Ahí están, solo para mí, para que yo los tome. Una vez que se me presentan, si decido tomarlos, dejarán de ser lo que fueron y pasarán a ser algo más, si decido no tomarlo, igual, también pasarán y no hay manera de cambiar esto…

Ahora bien, si elijo tomarlo, aún con la conciencia de su caducidad, algo habrá de pasar, así como si decido tomar el durazno y comerlo pasando entonces de ser una hermosa fruta a ser una parte de mi ser, así mismo ocurrirá con cada una de las gratas situaciones que voy experimentando y que desearía que perduraran por siempre, si elijo tomarlas, seguramente dejarán de ser lo que hasta ese momento eran y pasarán entonces a ser un componente más de mi propio ser… eso me parece interesante ¿no? lo fugazmente grato deja de existir y pareciera dejar un vacío para mí, vacío que algunas veces me puede resultar francamente doloroso y paradójicamente es solo entonces que pasa a ser verdaderamente una parte de mí, pasa a formar parte de cada componente de lo que soy, hasta el más escondido rincón de mi ser y entonces ¿Qué crees? ¡Ya no hay manera de que se vaya jamás de mí! Ahora entonces es inevitable que esté conmigo, como antes lo estuvo el durazno, que con sus pequeñas partículas me conformará y después gracias a ellas llegarán nuevas que ahí se sostendrán y así hasta… no se hasta cuando.

Ahora puedo asentir a decir adiós, solo ahora puedo decir , solo ahora lo puedo mirar y darle un lugar en mi corazón y entonces la paz puede iniciar para mí.

Mario Alberto Núñez Molleda
Psicoterapeuta

lunes, 12 de marzo de 2012

Papá

Si yo te preguntara ¿quién es tu papá? Seguramente tendrías una respuesta para mí, quizás me darías su nombre, quizás su ocupación, a lo mejor hasta me podrías decir algo así como: “es un poco gruñón”, etc. O quizás, si por alguna razón papá estuvo solamente muy poquito tiempo a tu lado, quizás solo me podrías dar su nombre, o incluso, ni siquiera eso… a lo mejor hasta podrías pensar que “no tienes papá”. Sin embargo, déjame compartirte algo, sin importar si estuvo solo un poquito o si aún está contigo… ya te dio lo mejor que podrías tener ¡La vida! Y esto es verdaderamente grandioso, gracias a eso es que ahora puedes disfrutar de todo aquello que gustas disfrutar…

 Hay personas que incluso opinan que papá no es el que engendra, que papá es el que cría, yo difiero de esta apreciación, la única forma en que tú estés aquí es con ese papá, muy a pesar de todas las fantasías que pudieras tener acerca de las posibilidades de tu origen, yo mismo, recuerdo cuando era un niño que solía fantasear acerca de cómo sería mi vida si mi papá fuera otro, tal vez más rico o tal vez más amoroso o tal vez simplemente distinto. Ahora me es posible entender que nada de eso era posible, que era todo una fantasía tal cual, si mi papá no fuera mi papá, entonces yo no existiera tal cual soy… cualquiera podría haberme criado en cualquier sentido, la vida, solo quien me engendró, nadie más y tampoco sin importar las circunstancias… incluso si fui planeado o no, si fui deseado a o no, si permaneció o si se fue, nada de eso es tan importante como la vida misma.
Pero te voy a decir aún más, es casi seguro que algunas de las cosas que más disfrutas son cosas que igualmente tu papá disfruta, disfrutaba o disfrutó ¿cuánto sabrás acerca de eso? Y algo que es verdaderamente sorprendente, casi casi mágico, es que esto funciona así sin importar cuanto tiempo compartes, compartiste o has compartido con él… ¿cuánto lo conoces? Quizás sea bueno que sepas ¡cuánto vive tu papá en ti! Si te detuvieras y conocieras un poco más, seguramente terminarías por sorprenderte, incluso podría ser que “muy a tu pesar”.

Si averiguas un poco, quizás descubras que tu color favorito coincide con el de él, o que tu afición por determinada actividad coincide con su propia afición a esa misma actividad o a una muy parecida, o bien quizás si eres mujer, descubras que mucho de lo que tú haces o de las cosas que para ti son importantes coinciden con las cosas que tu papá valoraba o valora del género femenino, e incluso y esto quizás ya lo sepas… si cuentas o has contado con una pareja, lo más probable es que dicha pareja comparta aspectos esenciales con imágenes muy profundas acerca de tu papá y que conservas en tu interior, en un lugar verdaderamente especial.

Y es que ¿sabes qué? Papá, que vive en el fondo de tu corazón y en cada célula de tu cuerpo, se hace presente siempre y de mil maneras distintas, es como si constantemente te estuviera queriendo decir, aquí estoy y estoy contigo donde quiera que te encuentres, por siempre contigo aunque algún día me tenga que ir o aunque ya no puedas verme más y quizás incluso agregando mucha de tu fuerza te viene de mí y son muchos los regalos que tengo para ti...

Mario Alberto Núñez Molleda- Psicoterapeuta